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viernes, 16 de agosto de 2013

[Relatos][Kensei][Kuge] Clan Minamoto: "Cuando caiga la noche y solo quede el recuerdo"

“Cuando caiga la noche y solo quede el recuerdo”

Invierno del 1001 de la coronación del Tenno Sujin (Enero aproximadamente)

La noche era pesada y fría, mientras el guerrero ahora enfundado en un kimono negro con interior blanquecino oteaba el horizonte que iluminado por la noche lúgubre le mostraba una ciudad en vilo. El palacio, visto desde la torre más alta del mismo, le daba la impresión de que todo era posible, de que Hymukai entera era un tablero y él movería las fichas una a una, y cuando todos se hubieran retirado, él reinaría sobre el tablero vacío... ¿Qué pretendía una vez logrado eso? En silencio, le atemorizaba verse cegado por el embriagador poder que el Trono prometía. A su derecha, tenía al último portador del nombre de uno de los clanes rebeldes, Inazo Takezo “El Inazo Blanco” llamaban a sus espaldas los samurais del dominio. El motivo era su armadura, blanca fúnebre por los pecados de su estirpe, una vergüenza que Takezo no podría pagar con su sepukku. Su karma, como hijo del Daimyo Inazo, exigía que encontrara y acabara con los rebeldes y trajese de vuelta a sus hombres, y así quizás su Señor Yoritomo perdonaría a los hombres que simplemente siguieron sus deudas de honor. Absorto en el lento veneno que era la impaciencia por restituir su honor y su karma, pasó por alto al hombre que con pasos lentos y deliberados entró en la habitación mostrando una serenidad hecha para no causar alerta. Instintivamente, su mano se posó en la empuñadura de su reverenciada espada, recibida de manos del último Inazo digno, su abuelo Inazo Iwao, antes de retirarse al monasterio como era costumbre certera en su clan. El visitante levantó la mano izquierda, signo de no querer alcanzar al espada, y se descubrió mostrando unas facciones bien dibujadas pero fáciles de pasar por alto al poco tiempo... Otomo Nobuyoshi estaba en la estancia para entregar un mensaje. En este intercambio de gestos, quedó inadvertida la sonrisa discreta y ladeada del Gran Señor Minamoto no Yoritomo, que pensaba en la ironía de los acontecimientos y en una respuesta que ya sabía antes de escucharla.

“Debéis anunciar vuestra llegada cuando sea para presentaros ante Yoritomo-Sama” Anunció Takezo en un intento de sonar tajante.

“Yoritomo-Sama ha oido el anuncio de mi llegada antes que usted, Takezo-San” Dijo Nobuyoshi con una sonrisa destinada a ser conciliador. “Mi Señor, traigo noticias del Kyuden Kamegawa... Por lo que he podido averiguar, el Daimyo rebelde Kamegawa no Kaworu ha muerto. Su heredero, Kamegawa no Tsuneo ha sido abatido por un disparo de un tipo de mosquete que no había visto hasta ahora, cuando su castillo fue sitiado. Se dice que una serie de emboscadas y derrotas ha diezmado en este último mes a todo el clan Kamegawa, como si la ira de los Infiernos hubiera perseguido a los traidores... - Hizo énfasis en la palabra “Traidores”, y prosiguió como si no fuera intencionado- Pero tengo la impresión de que es solo el karma, que ha venido a por su cobro, mi Señor, espero sus órdenes con rigor.”

Yoritomo no esperaba eso, y odiaba las sorpresas. Los Kamegawa destruidos a manos de un grupo desconocido, ¿Un clan amigo de los Minamoto? Imposible, habría recibido avisos, noticias de emisarios... Nada. Si había algo que intrigaba a un Daimyo como él era el hecho de que una facción desconocida con armas aún nunca probadas se dedicase a borrar del mapa a uno de sus antiguos clanes vasallos, porque eso podría significar una amenaza en ciernes.

“Ve, infórmate de qué ha sucedido para que esa respuesta se haya producido. No podemos permitirnos tener un grupo desconocido eliminando Señores Feudales por doquier, no en mis provincias. Los Kuroda colindan con la princia de Tsuga, donde se encontraba el Kyuden Kamegawa, necesitamos tus servicios, ve y sé eficaz Nobuyoshi-San, eres mi mejor hombre en estas lides.” Dijo con voz cansada y con una naciente preocupación. Una vez solos de nuevo, el Señor volvió a escrutar el horizonte, hasta que Takezo se atrevió a romper el silencio.

“Mi Señor Yoritomo, dígame si puedo hacer algo para aliviar su angustia, si hay una misión que pueda cumplir para su mayor gloria. Me gustaría ir tras los traidores Inazo en cuanto su Señoría estime correcto a permitírmelo.”

“No aún, Takezo-San. Hay piezas que alguien está colocando en el tablero sin preguntar y unos cuantos rebeldes no me importan tanto como éste enigma. Aprecio tu honor, y mis ancestros saben que tu corazón es puro, al igual que los tuyos. Eres parte de un manzano con solo algunas manzanas podridas, solo hay que podarlas y toda la afrenta quedará restituida kármicamente.”

Y en la oscuridad apenas iluminada de la habitación, Takezo vertió dos lágrimas de rabia por los crímenes de los suyos, mientras agradecía la piedad de su Señor, al que juró en silencio servir hasta su muerte por segunda vez en lo que llevaban de año.

El Daimyo recordaba sus alejados días de infancia, cuando Tsuneo y él habían compartido juegos de estrategia y lecciones de kenjutsu bajo la mirada furiosa del sensei Wagyu Mifune, severo, recto, brillante y adorado por sus alumnos. Eran tiempos en los que no había cabida para la palabra “traición” ni “deber”, eran niños jugando a ser guerreros, armados con armas de juguete diseñadas para inculcar disciplina desde la niñez. Todavía le dolían las manos si recordaba las veces en que Mifune-Sama le había reprendido por su forma tosca de disparar el arco, siempre rebosante de ira, como si la filosofía zen de los guerreros no fuese con él, y solo la brutalidad tuviese dominada su alma. Ahora, tras casi dos décadas, las lecciones duramente inculcadas estaban dando fruto y le habían salvado la vida cuando Yorimasa vino a por él. El hombre que derramaba su propia sangre estaba manchado, condenado a purgar su pecado, pero... ¿Qué hacer cuando pecar es la única salida? Hombres como él o como el bueno de Takezo se veían empujados a ello por tradición, honor y supervivencia, y si bien no le tembló la mano a la hora de atacar a Yorimasa, no podía sino temer en lo que podía convertirse si se alejaba de la vía de sus antepasados... Temía a la bestia acorralada que vivía en su interior, y si no conseguía dominarla, Hymukai la sufriría durante mil años. En ese momento, en la soledad de sus pensamientos, rompió a hablar, sorprendiendo a un preocupado Takezo:

“Cuando caiga la noche, y solo quede el recuerdo del polvo de nuestros huesos, esto se cantará en las cortes de los Grandes Señores, los guerreros llorarán porque no pueden luchar nuestras batallas y las poetisas crearán obras sobre nuestras gestas. Porque aquellos que hoy levanten sus estandartes junto al mío, serán recordados como verdaderos patriotas durante diez mil años...” Y tan súbito como había comenzado a hablar, se silenció, volviendo a su contemplación.

[Fin del relato introductorio de los Minamoto]

domingo, 5 de mayo de 2013

Diario de Génesis: El Clan Hara (Otokodate)[Kensei]

Introducción:

En esta "génesis" voy a charlar un poco sobre el Clan Hara, que he creado para darle trasfondo a mis partidas y campañas de Kensei con la facción Otokodate. Trataré el tema de la narración, el ambiente, los personajes y las motivaciones detrás de cada uno. Finalmente, las anécdotas y guiños.

Tema:

En este primer relato, el tema a tratar es "El fin justifica los medios", que el Daimyo Hara Hideki deja patente en cada una de sus acciones y pensamientos junto con el deseo de venganza por los agravios hechos a su familia por los samurais. Del mismo modo, hay otros temas detrás de este: Haruka pone de manifiesto el tema de la combinación de poder y miedo, ya que aunque posee un gran potencial para la brujería, adivinación (Onmyodo) y otros talentos, siente un gran temor por Hideki y por sufrir el destino de su mentora, destruida por los poderes que no supo controlar, creando una combinación bastante interesante en mi opinión. Itto sin embargo, representa un tema más crudo "Deber antes que Honor", ya que prácticamente ha vendido su alma al señor de los Hara a cambio de la vida de Saori, una joven aprendiendo el oficio de geisha. Estos son los temas centrales del relato inicial, próximamente iré desvelando más temas con cada personaje.

Ambiente:

La semi oscuridad era perfecta como ambiente del relato tanto para marcar el caracter macabro de la situación (luces tenues, sacrificio humano, brujería, etc), como para reflejar exteriormente la oscuridad y las dudas que anidan en cada uno de ellos. He intentado reflejar el miedo de Haruka, la ira de Hideki hacia aquellos que le atacaron, la tácita aceptación de Itto ante su condición de matarife silencioso, de un modo más descriptivo en lugar de utilizar diálogos para esta ocasión. He escogido un almacén para describir un sitio que tuviese algo de toque de mercader y a la vez para hacerlo impersonal... Nada de castillos ni mazmorras, el almacén de una tienda anónima usada por el Clan como via de escape del Kyuden.

Personajes:

En este relato he tratado principalmente tres personajes. A fin de no chafar sorpresas hablare sobre ellos en el contexto de lo que el relato ha dejado ver y en el orden de aparición

> Haruka: A pesar de que aún no llega a la veintena, esta joven de origenes desconocidos domina el onmyodo que se centra en los difuntos, la adivinación y la magia elemental a un nivel básicos. Esto la convierte en una herramienta util para su Señor, asi como en una hechicera de renombre temida por muchas aldeas. Tiene un temor indescriptible por verse superada por sus poderes y ser destruida por las fuerzas que desata. Su motivación es convertirse en la hechicera más poderosa de Hymukai, dominando sus capacidades totalmente, recuperar los escritos de la mentora de su mentora y convertirse en la única mujer al lado de Hideki.

 > Hara Hideki: Señor de la Provincia de Tsuga, del Clan Hara y del Kyuden Kamegawa. Es un principe mercader, hijo de un rico mercader asesinado por samurais ambiciosos al inicio de la guerra en Hymukai. De naturaleza pragmática y sin escrúpulos aparentemente, está decidido a llevar a su recién creado Clan hasta lo más alto. Siempre tiene un as en la manga del kimono. Su motivación es la conquista de los territorios de su antiguo Daimyo Kuge como venganza por sus agravios, además de la destrucción del orden social existente mediante un plan elaborado para crear uno nuevo con él y sus "socios" como gobernantes.

 > Itto: Ronin que sirve fielmente a Hideki, ha jurado dar su vida por él a cambio del contrato de la joven Saori, una de las aprendices de geisha que Hideki tiene en su poder. Es reservado, y aunque su aspecto y fama hacen que los campesinos apenas se crucen en sus asuntos, él siempre se mantiene educado y neutro con todo el mundo, lo que le granjea la simpatia (y el respeto) de todos. Su motivación es asegurar la supervivencia de Saori, y poder tener una vida a su lado.

 Anecdotas y guiños: 

> Hara significa "Campo", que es de donde procede precisamente Hideki, del campesinado. Los nombres de la provincia (Tsuga) y del Kyuden (Kamegawa) significan respectivamente cicuta y "lugar de las tortugas". El primero lo elegí así por ser una variedad de pino que en mis relatos poblará esa provincia en gran parte de la misma. Kamegawa se llama así porque su primer dueño le puso ese nombre al ver desde lo alto del Palacio unas tortugas enormes en el lago cercano, teniendo el Kyuden desde entonces varios murales dedicadas a las tortugas, pues se pensaba que protegían el lugar siempre que la virtud y los kami estuviesen bien presentes para sus habitantes.

> Itto y Saori son un pequeño guiño a dos personajes de L5A de un módulo llamado "Asesinato en el Kyuden Kyotei", en el que había un ronin llamado Itto y su protegida era una geisha llamada Reika, hija de un Daimyo difunto y vendida como esclava, que planeaba una venganza. Yo hice un remake de esa aventura para una campaña del RPG que aún sigue en marcha, y ciertamente fueron dos personajes que me impactaron mucho. Tanto es así que me decidí a incluirles en mis relatos de Kensei, pero en lugar de adoptar totalmente a ambos personajes (Cosa que me pareció muy fea), decidí hacer un pequeño guiño y crear dos personajes que recordasen a ellos, pero cuyas historias fuesen ligeramente distintas en cuanto a pasado, y muy distintas en cuanto a presente y futuro.

He obtenido varias sugerencias para el próximo relato, y he pensado en ponerlas en marcha desde ahora, espero que sigáis enviándome comentarios. Yo los iré aplicando y escribiendo más relatos...

¡Hasta otra!

sábado, 4 de mayo de 2013

Relato (Kensei): [Otokodate] Presagios oscuros...

La Onmyouji (Hechicera) removió la sangre en el cuenco de madera, mientras con la otra mano exprimía el corazón del pobre desgraciado que yacía en la mesa de madera del destartalado almacén donde se encontraban. El ritual de adivinación que había aprendido años atrás requería concentración y mucha atención a la hora de seguir los pasos correctos, no hacerlo podría significar que las respuestas fueran poco claras, erróneas o incluso los espíritus se sintiesen agraviados. Haruka había visto lo que un kami del fuego podía hacer a un ser humano, sobre todo a uno que lo haya agraviado antes, al fin y al cabo, su mentora había muerto carbonizada por ello años atrás en Ishikawa. Alejó esos pensamientos negativos mientras continuaba con su mantra, para el que pronunciaba la lengua de los espíritus, pero pervertida por sus prácticas oscuras y perturbadoras.
Haruka, "La Bruja de Ishikawa"
Enfrente suya sentado impaciente le esperaba su líder, su salvador y su nuevo Daimyo (Señor Feudal), Hara Hideki. Éste, que no era conocido por sus creencias religiosas o místicas, esperaba que Haruka lograse respuestas como la herramienta útil que solía ser. Como su padre y maestro le había enseñado, un mercader poderoso y ateo desde su juventud, un hombre debe usar toda ventaja que esté a su alcance y llegar tan alto como sea posible... Nadie recuerda a un perdedor anónimo. Sus últimas victorias le habían dejado la sensación de que sus ambiciones estaban al alcance de la mano, al fin y al cabo su señorío en la provincia de Tsuga era la más importante y grandiosa de sus conquistas. Gracias a una planificación despiadada y a unos hombres bien pagados (En dinero o en promesas de títulos), había derrotado a hombres que habían nacido pensando que eran superiores a Hideki sólo por nacer en un Shiro (Castillo) y ahora sus cabezas decoraban las picas de sus muros, mientras él se sentaba en el Kyuden (Palacio) Kamegawa. Había ofrecido a todos los campesinos del antiguo Daimyo la libertad de huir o quedarse y prosperar, por fortuna prácticamente todos aceptaron su oferta, tal y como había esperado. Con un feudo dispuesto a dar la vida por él y su promesa de prosperidad y ascenso social, Hideki se sentía cargado de fuerzas y esperanza, pero impaciente ante su siguiente conquista. Su kiseru (pipa de fumar) iluminaba parcialmente la semi-oscuridad que Haruka requería para su brujería, odiaba tener que estar en penumbra pero si ésta cosechaba la mitad de éxito del que esperaba podría darse por satisfecho... Ella había sido su tercera inversión más rentable. Levantó la vista desde la onmyouji hasta donde se encontraba una figura con capa apoyado en una de las vigas del almacén, apenas visible en la oscuridad de aquella zona como un tigre expectante, haciendo alarde a su apodo. Itto, "El Tigre Blanco de Kitane", el ronin más talentoso que él hubiese visto jamás en su sus viajes, y el más caro y falto de conciencia que hubiese visto en sus casi tres décadas de vida, dicho fuese de paso.  Llevaba a su servicio desde que Hideki decidió dejar de servir a los intereses de los Kuge de la Capital y centrarse en proteger sus bienes y aumentar su poder para acometer su venganza. Fue un acuerdo tácito y beneficioso para ambos en el que Itto había ofrecido su servicios a cambio de la vida de una de las muchachas que había comprado años atrás como aprendiz de geisha para una de sus casas de té. Era una parodia de las costumbres samurai, y eso le hacía sentirse poderoso y satisfecho, en cierto modo era una de las miles de profanaciones en las costumbres de la casta guerrera que Hideki había pensado cometer en venganza por el asesinato de su padre y la expropiación de gran parte de sus riquezas y patrimonios. Mientras rememoraba estas cuestiones, se puso a divagar en qué estaría pensando en ese momento su despiadado sicario, dejando un poco de respiro a la hechicera y a sus recuerdos.

Hara Hideki, Daimyo del Clan Hara (Facción: Otokodate)
Itto estaba observando de modo distante el herético ritual que Haruka estaba llevando acabo. La bruja no le despertaba simpatía, pero a diferencia de la mayoría de la gente que poblaba su existencia gris, no le producía indiferencia, era más bien como una sensación de vacío entre ambos, dos monstruos cuyas miradas se solían cruzar por un instante, momento que les proporcionaba un escalofrío de inquietud que era el típico sentimiento que tenían al reconocer a una bestia de igual poder. Su Daimyo lo observaba desde el centro del almacén casi a oscuras, y se permitió observar a Hara Hideki con ojos vacuos, sabiendo que daría su vida por ese hombre, pero solo si mantenía a Saori fuera de peligro. Ella era su única debilidad, su única muestra de honor y conciencia, y desconocido por casi todo el mundo, ella era la última prueba de un Itto que en tiempos pasados podía caminar a la luz del día con la cabeza bien alta y dos espadas al cinto, mon (Escudo de armas) en kimono y cuerpo arreglado. Lejos quedaron esos días, se lo recordaban a diario las sucias tareas que se veía obligado a incurrir por su Daimyo: Asesinar generales enemigos mientras dormían o viajaban, provocar duelos con personajes clave de entramados que no comprendía, secuestrar niños, acabar con ellos si sus padres se negaban a las exigencias de su Señor, y demás tareas destinadas a un matarife sin sentimientos ni conciencia. El camino de los hombres no es justo y el del guerrero exigía disciplina y presteza, máxime cuando uno era un pobre ronin (Samurai sin amo) y tenía que ganarse el pan para él y su protegida. Las palabras de la bruja lo recorrieron mientras su voz resonaba de modo siniestro por todo el almacén... Odiaba la brujería.

Itto, Tigre Blanco de Kitane

"Hideki-Sama, los espíritus difuntos dicen que hay cuatro peligros sobre tu sombra, uno viene de los Cielos, dispuesto a corregir tu traición al honor, otro viene de la Tierra, a castigar tu blasfemia ante los kami, un tercero vendrá de los infiernos, pues quienes dañen a sus siervos se enfrentarán a los Señores Yama, y finalmente el cuarto, que como ola brava vendrá a intentar llevarse vuestra gloria justa y grande." Ella sabía que él perdonaría el tono de los difuntos a través de ella, ya que no era dueña de sus palabras, pero aun así tragó saliva mezclada con algo de temor y prosiguió, "Aconsejan buscar al pequeño niño de ojos vacuos en cuyo corazón residen las cinco esferas, aquel que lo posea tendrá el poder de cumplir su mayor ambición. Suya es la clave de alzarte con el poder o encumbrar a tus enemigos, debes tomar la decisión sobre su vida o la tuya tocará a su fin" Y con esto, Haruka finalmente se tambaleó exhausta, con el cuenco manchando el suelo al caer a su lado. Con un gesto de asentimiento frío y dos de orden, un par de ashigarus se dispusieron a levantar a la hechicera y llevarla de vuelta a los túneles que llevaban hasta su base en la cueva... Aún no había tenido tiempo de trasladar sus cosas al Kyuden. La bruja traía presagios oscuros, y con cuatro enemigos no tenía tiempo de descansos ni comodidades... Pero tenía que encontrar a ese niño y mantenerlo a su lado.

[Continuará en el relato "Genealogía del Clan Hara (1)"]

martes, 23 de abril de 2013

Relato: [ Suriyel ] " Y el Abismo devolvió la mirada "


Relato: [ Suriyel ] " Y el Abismo devolvió la mirada "

"Y los piadosos, clamaron justicia mirando hacia el Abismo infecto... Y el Abismo devolvió la mirada" - Evangelio de Jack Solomon, Advenimiento, capítulo 1


Para Suriyel no había mayor agonía que estar privado de forma, de sus sentidos y sintiéndose sumergido en la más completa oscuridad. Era la ausencia de todo cuanto había amado y había creído, la palpable negación a su anterior estado de Gracia, el castigo por la mayor de las traiciones: Volver la espalda a Dios y el Plan Divino, en mayúsculas y con total alevosía. Ésa había sido su primera bocanada de libre albedrío y la estaba pagando con intereses, ahora, en su encierro, cuando no sabía si sentirse más furioso por creer en aquello que lo llevó al Abismo o en el mayor embustero que la vieja Hueste hubiese dado a luz... Lucifer, “Portador de la Luz”, aunque a Suriyel le parecía más bien el príncipe de los embaucadores.

Él y su “Gran Experimento” para encender la chispa de divinidad en los humanos, fueron los culpables de convencerlo para que traicionase a sus hermanos de la Hueste. Él, que había sido un grande entre grandes, apaleado y encerrado como una bestia salvaje, él que había traído el descanso de millares de almas, estaba privado de sus poderes. Cuando la Hueste se impuso al bando Rebelde, cuando Dios tocó la Creación por última vez, pensó que sería destruido luchando, pero cuando los temblores cesaron, se encontró con algo más terrible aún... El exilio, aniquilación por todas partes y cenizas a su paso, mientras que él y sus hermanos iban entrando al vórtice que daba entrada al Abismo, empujados por sus antiguos hermanos, que portaban espadas de mortífero fuego.

Intentó ver en medio de la oscuridad total, aún cuando ya carecía de ojos, y aunque una parte de su esencia le decía que un Ángel no necesita ojos para ver, su estancia entre humanos lo había marcado para el resto de su existencia en aspectos que había creído imposibles un milenio atrás. Ya no era un ser de energía pura, sin emociones ni imperfecciones, había sido corrompido, y esa lacra le hacía sentirse furioso. Había segado almas para Dios, había traído incontables muertes como Ángel del ocaso, encargado de dar muerte y traer renovación, pero jamás había sentido esta emoción llamada remordimiento. Y era allí, en medio de esa oscuridad, donde Suriyel emitió un grito mental de agonía, lo más parecido que podría ser de un llanto. Estaba preso en una cárcel de soledad... Y eso le estaba matando, y más cuando sabía que duraría eternamente.

Perdió la noción del tiempo, y eso le pareció incluso gracioso, ya que si un Ángel que se encarga de aquello a lo que le ha llegado su hora, pierde el sentido del tiempo, ¿En qué se convierte? Eso le hizo sentirse una parodia de lo que una vez juró ser, y lo llevó de nuevo a la agonía y el odio infinitos. Así pasaron milenios mientras ajeno a la cuantía de su encierro, y trastornado por el tormento sufrido, se percató de que podía escuchar a lo lejos a algunos de sus compañeros de prisión. Las voces sonaban amortiguadas, algunas demasiado irreconocibles, pero al menos ya no estaba solo, y eso reconfortaba su esencia antaño solitaria.

Pronto, lo que comenzaron siendo voces tenues se tornaban charlas de presos, además de toda una jerarquía de antiguos lideres y algunos nuevos que imponían su tiranía sobre aquellos que no tenían poder o voluntad suficientes. Por todas partes escuchaba la misma pregunta, ¿Qué fue del Embaucador? Unos apostaban porque había sido destruido cuando Dios tocó la Creación poniendo fin a la Guerra de la Ira, otros aseguraban que los había vendido para liberarse del castigo de la Hueste, había quien incluso decía que todo esto era una parte del Plan Divino, y que Lucifer era otro peón jugando un papel protagonista en una obra antigua y bien diseñada. Para Suriyel estaba claro, importaba una mierda la razón de la ausencia del Portador de la Luz, importaba que no había pasado por lo mismo que ellos, que se había librado y no había cumplido con la promesa de liberarlos de la tiranía del Cielo... Y eso nuevamente, encendía su rabia y su dolor. Y fue en esto nuevamente, que milenios pasaron, debatiendo qué hacer si conseguían salir, ya que al fin y al cabo, los cinco mejores entre ellos, los lugartenientes de Lucifer, los Caídos más brutales, sádicos y ansiosos de venganza, habían sido sacados del Abismo de un modo y con una finalidad, desconocidos para todos.



Llegaron “tiempos” extraños, algunos de sus compañeros de prisión iban desapareciendo sin un patrón claro, desvanecidos para cualquiera que intentase escrutar su presencia. Había quien hablaba de que los monos humanos estaban quizás empezando a dominar su divinidad y habían empezado a liberarlos, pero de nuevo todo eso eran falsas esperanzas... Suriyel ya había constatado que la esperanza era inútil, que lo mejor era no hacerse ilusiones y resignarse a la fría oscuridad. A veces, cuando se aislaba para buscar algo de paz, se preguntaba cuanto había cambiado el mundo que una vez ayudó a crear, y qué estaba haciendo la Humanidad con él. Era en estos pequeños momentos donde él intentaba mitigar su Tormento, los últimos fragmentos de un Suriyel (Por entonces un Segador llamado Sariel) que anhelaba velar por el descanso de aquellos a los que una vez amó tanto como para condenarse. Y en esas ensoñaciones y recuerdos del pasado, se dejó marchar a tiempos pasados ahora ausentes...

Como a todo aquel que sabe esperar lo suficiente, le llegó su hora de la verdad. Las puertas del Infierno no son lo bastante fuertes para resistir eternamente, y cuando la gran tormenta espiritual recorrió todo el Otro Lado, se produjeron grietas en la negra sustancia que daba forma a sus paredes. Los grandes y poderosos Archiduques no podrían salir por tan inmundas grietas, pero algunos Caídos, sobre todo los menos atados a esa prisión, los hábiles por así decir, habían podido colarse por sus rendijas... Para ser sinceros, la mayoría eran meros despojos comparados con lo que una vez fueron, pero en medio de toda esa escoria aún quedaban Caídos de un poder moderado y una antigua gloria por resurgir. Suriyel se encontró con una de estas grietas, vórtices de un blanco grisáceo como ya no recordaba, y pensó que podía significar su aniquilación, pero tras tantos milenios encerrado, incluso la aniquilación era un soplo de aire fresco, y con decisión se lanzó a su nuevo destino.



Lo primero que sintió fue el dolor, lacerante, rápido, brutal y en el estómago. Lo primero que olfateó fue el aire lluvioso de un sucio callejón, basura, agua, ratas, orín, sangre. Sus oídos escucharon el trueno a sus espaldas, lejano pero ensordecedor, cargado de una ira elemental que iluminaba el cielo nocturno. El regusto en la sangre en la boca, con el agua de lluvia en la cara, los restos de una cena mal improvisada, y un sabor amargo que tenía demasiada mezcla, con un regusto a humo. Sus ojos fueron los últimos en dejarse sentir... Lo veía todo con claridad por primera vez en milenios de encierro. El callejón, inmundo y triste, la noche tormentosa acorde a su rabia desatada, su cuerpo joven pero maltrecho, uno que no era suyo además, su estómago perforado por lo que parecía una daga empuñada por un humano sucio, desarrapado, con pocos dientes y cara de trastornado que le acababa de apuñalar tras darle un puñetazo, al parecer para robarle la cartera. De pronto, su rabia se desató tan súbitamente como fue capaz, lo miró a los ojos y vio todos sus pecados, sus vicios y su malicia, vio los ojos de un hombre que había cometido atrocidades por sobrevivir y que no tenía conciencia ninguna por el mal que cometía. En un movimiento veloz, hundió ambas manos en el pecho de su agresor y de súbito lo partió en dos, esparciendo sus restos por medio callejón. Miró a todos lados pero no vió a nadie, y con pasos lentos y torpes el Caído se internó en la noche de Nueva York...




[Continuará próximamente...]

Este relato está basado en el JDR Mundo de Tinieblas, concrétamente en la línea de juego "Demonio: La Caída", toda la terminología que pudiese haber propia del mismo, pertenece a terceros y ha sido tomada como marco de referencia y sin ánimo de lucro. Las imágenes son de MorgueFile, gratuitas y usadas dentro de sus condiciones.


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